martes, 1 de julio de 2008

Las abejas juguetonas

En un panal había tres abejitas, que por primera vez, iban a buscar néctar de las flores del campo.
La reina de las abejas le dió un cántaro a cada una, con la orden de traerlos bien llenos al caer la tarde. Las abejitas partieron volando a cumplir con su tarea.
La abeja mayor empezó inmediatamente. La del medio, se dedicó a escuchar las historias que le contaban las flores y los insectos. La más pequeña juntó muestras de todos los colores que encontraba en las florecillas.
Sin que se dieran cuenta llegó la hora de volver al panal. En la entrada las esperaba la reina y su corte. La abejita mayor entregó su cántaro lleno, y fue felicitada por todas las abejas.
Luego le tocó a la del medio.
Cuando mostró su cántaro con solo la mitad con néctar, la reina le dijo enojada:
- ¿Eso es todo lo que traes?

- No, dijo la abejita. Además tengo muchas noticias y chismes que me contaron las flores y los insectos.

Y así entretuvo a la reina y al panal por mucho tiempo.Las abejas también la felicitaron.

Al final le tocó a la más pequeña. La reina le preguntó: - ¿Y tú, cuánto néctar traes? La chiquita dijo:

- Yo, traigo un tercio del cántaro con néctar y muchos colores, para que todas nos pintemos y nos veamos muy lindas... Las abejas se pintaron e hicieron una fiesta.

Ese día aprendieron que todos los talentos son bienvenidos en el panal.


Trabalenguas y adivinanzas

☼ El cielo está enladrillado, quién lo desenladrillará, el que lo desenladrille será un buen desenladrillador.

☼ El amor es una locura
que ni el cura lo
cura, y si el cura lo cura es una locura de cura

☼ Pedro Pablo Pérez Pereira
pobre pintor portugués ,
pinta paisajes por po
ca
plata para pesear por puerto París.


El roer es mi trabajo, el queso mi aperitivo, y el gato ha sido siempre mi más temido enemigo.




☼ De cierto animal di el nombre:
es quien vigila la casa,
quien avisa si alguien pasa
y es fiel amigo del hombre.




Soy chiquitito,
puedo nadar vivo en los ríos
y en alta mar .

Copito




Los perros, como todos saben, mueven la cola cuando se sienten contentos o cuando ven a su amo o se encuentran con otros perros. Pero Copito, un lindo perrito blanco, no lo hacía y todos se preguntaban por qué Copito no movía su cola blanca. Tuvo que pasar mucho tiempo para que alguien se diera cuenta de lo que pasaba. ¡Copito no movía su cola porque Copito sabía sonreir! ¡Sí! ¡Copito sabía reir como tú! Era cosa de mirar su hociquito para ver como sus blancos dientes brillaban de contento. Ya sabes, si un perro no mueve su cola, sonríele.

miércoles, 25 de junio de 2008

Carlitos el Caracol


Había una vez, un caracol llamado Carlitos que tenía un caparazón muy pequeño. Un día la mamá caracol le pidió a Carlitos que le llevara una tortilla a la abuela caracol. Muy contento, el pequeño caracol aceptó, pero el problema era que su caparazón era muy chiquitito y la tortilla no cabía en él. Carlitos se puso muy triste porque tenía muchas ganas de visitar a su abuelita y llevarle provisiones para el invierno. Así fue que la mamá decidió atar la tortilla al pequeño caparazón de Carlitos para que pudiera arrastrarla hasta la casa de la abuelita.

A medida que se acercaba a la casa de su abuelita, Carlitos se sentía observado. De pronto, vio a un cuervo muy grande que lo venía siguiendo hace algún tiempo. El caracolito lo saludó y el cuervo le dijo:

- ¿Qué es lo que llevas junto a ti?

- Es una tortilla que debo llevarle a mi abuela – respondió Carlitos.

- Se ve deliciosa… - dijo el oscuro cuervo. - ¿Por qué no me convidas? – continuó.

- Porque tengo que llevársela a mi abuelita te digo, pero si quieres puedes acompañarme y ahí podremos comer todos juntos, ¿te parece?

- Claro – respondió el ave.

Lo que Carlitos no sabía era que el malévolo cuervo tenía planeado comerse toda la tortilla, y de paso al pequeño caracol y a su abuelita. Sin embargo, juntos siguieron su camino por el bosque. De repente, Carlitos se sorprendió de las ansias que tenía el cuervo por llegar a la casa de la abuela, por ello comenzó a desconfiar un poco de su amigo emplumado. Y le dijo:

- Prefiero seguir mi camino solo, gracias por tu compañía.

- No comprendo - dijo el ave – pero si eso es lo que quieres, me iré.

Mientras Carlitos seguía su camino a la casa de la abuela, algunos pasos atrás era seguido por este malvado plumífero. A penas llegó a casa de la señora, le contó lo sucedido, y la viejita llamó enseguida a su amigo el gato, quien junto a otros animalitos del bosque, llegaron al instante al rescate. Cuando ya había aparecido el cuervo, los animales lo ahuyentaron y el pájaro voló y voló lejos. Y así fue como luego todos comieron tortilla en la casa de la abuelita caracol y agradecieron tener amigos como el gato. Además, Carlitos se dio cuenta de que si no fuera por su pequeño caparazón, jamás habría podido disfrutar de tan grato momento junto a sus nuevos amigos y su abuelita.

FIN

Josefina M, Belén S, Conty B, Gabriela A, Aylin D y Camila A