
A medida que se acercaba a la casa de su abuelita, Carlitos se sentía observado. De pronto, vio a un cuervo muy grande que lo venía siguiendo hace algún tiempo. El caracolito lo saludó y el cuervo le dijo:
- ¿Qué es lo que llevas junto a ti?
- Es una tortilla que debo llevarle a mi abuela – respondió Carlitos.
- Se ve deliciosa… - dijo el oscuro cuervo. - ¿Por qué no me convidas? – continuó.
- Porque tengo que llevársela a mi abuelita te digo, pero si quieres puedes acompañarme y ahí podremos comer todos juntos, ¿te parece?
- Claro – respondió el ave.
Lo que Carlitos no sabía era que el malévolo cuervo tenía planeado comerse toda la tortilla, y de paso al pequeño caracol y a su abuelita. Sin embargo, juntos siguieron su camino por el bosque. De repente, Carlitos se sorprendió de las ansias que tenía el cuervo por llegar a la casa de la abuela, por ello comenzó a desconfiar un poco de su amigo emplumado. Y le dijo:
- Prefiero seguir mi camino solo, gracias por tu compañía.
- No comprendo - dijo el ave – pero si eso es lo que quieres, me iré.
Mientras Carlitos seguía su camino a la casa de la abuela, algunos pasos atrás era seguido por este malvado plumífero. A penas llegó a casa de la señora, le contó lo sucedido, y la viejita llamó enseguida a su amigo el gato, quien junto a otros animalitos del bosque, llegaron al instante al rescate. Cuando ya había aparecido el cuervo, los animales lo ahuyentaron y el pájaro voló y voló lejos. Y así fue como luego todos comieron tortilla en la casa de la abuelita caracol y agradecieron tener amigos como el gato. Además, Carlitos se dio cuenta de que si no fuera por su pequeño caparazón, jamás habría podido disfrutar de tan grato momento junto a sus nuevos amigos y su abuelita.
Josefina M, Belén S, Conty B, Gabriela A, Aylin D y Camila A