miércoles, 25 de junio de 2008

Carlitos el Caracol


Había una vez, un caracol llamado Carlitos que tenía un caparazón muy pequeño. Un día la mamá caracol le pidió a Carlitos que le llevara una tortilla a la abuela caracol. Muy contento, el pequeño caracol aceptó, pero el problema era que su caparazón era muy chiquitito y la tortilla no cabía en él. Carlitos se puso muy triste porque tenía muchas ganas de visitar a su abuelita y llevarle provisiones para el invierno. Así fue que la mamá decidió atar la tortilla al pequeño caparazón de Carlitos para que pudiera arrastrarla hasta la casa de la abuelita.

A medida que se acercaba a la casa de su abuelita, Carlitos se sentía observado. De pronto, vio a un cuervo muy grande que lo venía siguiendo hace algún tiempo. El caracolito lo saludó y el cuervo le dijo:

- ¿Qué es lo que llevas junto a ti?

- Es una tortilla que debo llevarle a mi abuela – respondió Carlitos.

- Se ve deliciosa… - dijo el oscuro cuervo. - ¿Por qué no me convidas? – continuó.

- Porque tengo que llevársela a mi abuelita te digo, pero si quieres puedes acompañarme y ahí podremos comer todos juntos, ¿te parece?

- Claro – respondió el ave.

Lo que Carlitos no sabía era que el malévolo cuervo tenía planeado comerse toda la tortilla, y de paso al pequeño caracol y a su abuelita. Sin embargo, juntos siguieron su camino por el bosque. De repente, Carlitos se sorprendió de las ansias que tenía el cuervo por llegar a la casa de la abuela, por ello comenzó a desconfiar un poco de su amigo emplumado. Y le dijo:

- Prefiero seguir mi camino solo, gracias por tu compañía.

- No comprendo - dijo el ave – pero si eso es lo que quieres, me iré.

Mientras Carlitos seguía su camino a la casa de la abuela, algunos pasos atrás era seguido por este malvado plumífero. A penas llegó a casa de la señora, le contó lo sucedido, y la viejita llamó enseguida a su amigo el gato, quien junto a otros animalitos del bosque, llegaron al instante al rescate. Cuando ya había aparecido el cuervo, los animales lo ahuyentaron y el pájaro voló y voló lejos. Y así fue como luego todos comieron tortilla en la casa de la abuelita caracol y agradecieron tener amigos como el gato. Además, Carlitos se dio cuenta de que si no fuera por su pequeño caparazón, jamás habría podido disfrutar de tan grato momento junto a sus nuevos amigos y su abuelita.

FIN

Josefina M, Belén S, Conty B, Gabriela A, Aylin D y Camila A